Nieve
No era suave; no era fácil. No era como me lo habían contado. Cada paso era una cuchillada que se hincaba en los píes. Y sin embargo seguía caminando, quizás porque el de delante caminaba, quizás porque el de atrás caminaba. No veía y no era por el blanco, aquel blanco de locura, sin límites; era el viento, la ventisca que abofeteaba los ojos. Al menos eso era de agradecer, no ver el blanco, aquel blanco sin límites.
No, no era como me lo habían contado: morir en la nieve, abrazado a un sueño ligeramente inquietante como el que proporciona la morfina. Y estaba demasiado agotado, demasiado aterrado para considerar que aquel dolor era la vida.
No se porque todos esto me viene de nuevo a la memoria, ahora junto a este lago.