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En el metro.

9 marzo 2009

En el metro.

Escaleras y ándenes, pasillos: espacio para una luz láctea,
hecha de una pálida sustancia, es esta atmósfera del metro
una resonancia metálica, que todo lo impregna
también los cuerpos, aquí donde hay tantos cuerpos,
tantos rostros entregados a una mímica aséptica.

Sentadas dos muchachas chinas, adolescentes, piel nacarada;
comparten el móvil, sostienen el contacto de sus mejillas
una junta a la otra, ojos negros que miran cómplices
una pantalla diminuta y sonríen, quizás comparten un secreto.

Al lado, otros ojos grises de mujer joven, blanca, muy blanca.
el cabello como de trigo y las piernas rotundas bajo los vaqueros.
Es fuerte, hermosa y su mirada reposa triste en otro lugar, lejano;
y sus manos que son rudas, entrelazadas, como si rezara .

Las chicas chinas viajan: exiliadas de algún harén. Imagino.
La mujer tan blanca, tan fuerte, tan triste, del norte,
guarda dignamente una pena, una culpa, y recuerda. Imagino.
En el metro, espacio para un teatro que proscribe la intimidad
los átomos se recomponen, para estas tres mujeres y sus vidas.

Imagino y miro, acertó Demócrito… en el metro, imagino y miro.

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