El la cuida.
De tan áspera piel es el cemento de la calle
que el sol se ha quedado en las ramas de los árboles
la luz mira desde arriba,
no se atreve a bajar
se hace casi negro el suelo de la acera,
fragor de dureza, cruel.
Por esa calle suben, bajo la luz, sobre el cemento.
Juntos, muy juntos, así él susurra su rostro en cada paso,
en cada palabra alienta su alma, es un viento bueno
que casi la hace flotar.
Va limpia, pulcra, él la cuida,
con un amor esmerado,
la peina su cabello blanco.
Y le habla, le habla del baile
y del colegió de los niños,
y de una perrita blanca, que se llama Perla.
Y le da besos, muy suaves
que son infinitos,
para ella que es todo silencio, desde hace años.
El cemento aprisiona la tierra, que tanto ama el sol,
llegará el sol, no por fuerza, sólo por amor.