Ir directamente al contenido

La puerta.

5 junio 2013

Le estoy siguiendo y ha resultado más sencillo de lo que pensaba, al principio he tenido que detenerme, porque la duda de que algo no encajaba en aquella facilidad me ha obligado a pararme. Pero sólo han sido unos segundos, el temor de perderle me ha hecho reaccionar. Es alto, más alto de lo que suponía pero no tan fuerte como mi imaginación había previsto. Eso si lleva ese tipo de bañador, un boxer negro hasta medio muslo. Va descalzo pero inesperadamente ha echado a correr y entonces pienso que mis zapatillas pueden ser ruidosas y la carrera revelar mi presencia pero no tengo otra alternativa, así que me incorporo y le sigo, manteniendo una distancia pero sin perderle de vista nunca.

Se detiene junto al muro de una mansión que es un seto de aligustre alto y muy tupido y se prepara para saltar. Lo hace con fuerza y en la fracción de segundo que se ha elevado en el aire su cuerpo parece adquirir una transparencia plateada. Intento mirar a través del aligustre pero es demasiado frondoso para ver nada sin embargo escucho claramente el sonido inconfundible de las brazadas de un nadador, le espero agazapada junto al muro, aguardo a que aparezca de nuevo, atenta a que cese el chapoteo del agua. Siento como palpita el corazón dentro de mi y mi mente quiere advertirme, me dice que soy Sarah Spencer, que tengo una hija de ocho años, que soy socia de un bufete de abogados, que tengo treinta y dos años, que me he divorciado hace diez meses, que me he liberado de una relación sin sentido que duraba ya demasiados años y que estoy siguiendo a un tipo que se dedica a ir corriendo en bañador para colarse en las piscinas de las mansiones que ahora en verano sus dueños han dejado cerradas. Ha saltado de nuevo para salir de la finca, rápidamente voy hacia la esquina del muro y tengo que pegarme contra a la vegetación para que no me descubra, de nuevo echa a correr y yo le sigo.

Esta vez la carrera se prolonga, el recorrido atraviesa las calles vacías de la urbanización en esta tarde calurosa bajo un cielo gris de tormenta. Ahora corre muy deprisa a pesar de que va descalzo y tengo que esforzarme para no perderle, con un ritmo que es excesivo y que no se por cuanto podré resistir. Se que mis pulmones y mis piernas no podrán mantener mucho más tiempo esta velocidad y estoy a pesar del agotamiento y que me falta el aire muy excitada, es algo absurdo, casi ridículo pero sí, estoy excitada y la sensación que es cada vez mas intensa se impone a mi cansancio y me impulsa a seguir corriendo tras él.

Inesperadamente se detiene para saltar de nuevo dentro de otra casa y por fin me puedo parar. Debería estar aliviada pero no, porque es mi casa. Por un instante se me ocurre que puedo rodear la valla y utilizar las llaves para entrar por la puerta, pero decido que voy a saltar el muro . Y cuando lo hago, es un muro de piedra más bien bajo, escucho las palabras de mi propio pensamiento “voy a saltar el muro de mi casa”.

Está ya dentro en la piscina y puedo contemplar su cuerpo nadando, atravesando el agua brazada a

brazada y entonces veo que es de cristal, que se cuerpo ha cambiado, que está hecho de una materia cristalina, pero no es algo mineral sigue siendo piel y carne de una transparencia solida, como la del de vidrio o el diamante. Me he quedado paralizada; él sale de la piscina y se dirige a mi. Su cuerpo vuelve a ser de piel y puedo ver su rostro. Tiene los ojos de un color azul pálido, los rasgos de la cara son delicados; bellos y tristes. Me pregunta , “¿ por qué me sigues ?”.

– Esta es mi casa, ¿tu quien eres?. He visto como te hacías de cristal.

Vuelve a mirarme, lo hace con una fijeza que me altera y de nuevo me siento excitada. “Soy alguien que no existe” y yo le hago un gesto indicándole la puerta de mi casa y le pregunto si quiere pasar. “Si entro en tu casa existiré, si me abres la puerta estaré en tu vida, en tu mundo y luego también fuera de él, ¿por qué quieres que pase contigo ?”. Y en cada palabra y en el silencio que se queda entre frase y frase sentía que sus ojos de azul pálido eran todo lo que deseaba y necesitaba. “Quiero que entres a mi casa porque me gustas, ¿te parece suficiente?”.

  • Sí, para mi es suficiente.

Y entramos juntos.

No comments yet

Deja un comentario