Ir directamente al contenido

Las flores.

29 junio 2013

A mediados de mayo comenzó a brotar la hierba y algunas florecitas amarillas, diminutas. Toda la explanada que se extendía delante de la trinchera se fue transformando, desapareció el gris oscuro del barro y se cubrió de verde, salpicado por aquellas primeras flores. Luego surgieron otras que eran ramilletes blancos y también lirios azulados. Ludwig se quedaba ensimismado al amanecer mirando las flores a través de los sacos terreros. Le encontraba así dia tras dia, mientras hacía mi recorrido por los puestos de guardia o cuando tenía que revisar las posiciones de los tiradores. No era algo que me interesara particularmente, los hombres tienen extraños comportamientos cuando llevan meses en primera linea, pero como había escuchado a varios soldados comentar el asunto decidí hablar con él.

– ¿ Qué haces levantado todas las mañanas, aunque no estés de guardia ?
– Miro las flores.
– Ya, sí que está bonito el campo ahora.
– Es que he hecho un descubrimiento mi teniente, cuando llevo un rato mirando fijamente las flores, algunas veces tardo apenas unos segundos y en otras ocasiones necesito esperar media hora o más para que suceda, este campo desaparece, hay otro terreno que no tiene nada que ver con este, el cielo es distinto, el aire, el viento, otro mundo o por lo menos otro pais Las flores están aquí pero también están en ese otro lugar, por eso para contemplarlo es necesaria quedarse como pasmado mientras las miras. Ese otro mundo es maravilloso, no se mucho de él todavía pero allí no hay una guerra.

No tuve la impresión de que se hubiera vuelto loco, su forma de expresarse y su tono al contrario eran sosegados y transmitían serenidad. Me limite a decirle que fuera precavido con los francotiradores y me contestó que al amanecer precisamente es muy complicado hacer puntería, aquella respuesta me tranquilizaba porque era la de un veterano juicioso. En todo caso pensé es imposible que el comandante firme una orden de evacuación por demencia para un simple soldado. Dos días después de aquella conversación le mató una única bala, incrustada en la cabeza. Cuando sonó el disparo, tuve el presentimiento de que se había cobrado la vida de Ludwig. Espero que en aquel instante ya estuviera viendo ese otro mundo.

Desde entonces cuando tengo que examinar las posiciones enemigas, observar si los franceses han modificado alguna trinchera o levantan un nuevo bunquer, evito que mi vista se quede fija en la explanada, temo que aunque sólo sea por unos segundos mis ojos se detengan en ese terreno de nadie… allí donde están las flores.

No comments yet

Deja un comentario