Ir directamente al contenido

La súplica de Ifigenia.

20 noviembre 2013

Fragmento de un poema autor desconocido,  probablemente ateniense del siglo III;  descubierto en 1959 en la biblioteca del Hermitage.

Tengo frio, tanto que todo mi cuerpo tirita y siento debajo de la piel el temblor de mi sangre que va a ser derramada.

No quiero mirar a mi madre, camina delante de mi y se ha hecho cubrir la cabeza con un velo negro, como negro es el peplo con el que se ha vestido. Su rostro fué siempre grave y frio, nunca me ofreció ni ternura, ni compasión, ni alegría. No me amaba y como el dueño del ternero hoy me lleva ante el matarife, para esto me ha criado.

Mi padre me quería y de niña era feliz cuando estaba junto a él.

Mi padre es el rey pero ha dado muerte a un ciervo blanco en el bosque sagrado de Apolo. Para expiar su pecado ha ordenado mi sacrificio y se ha marchado en sus naves muy lejos, más allá de las bellas Cyclades, a las islas frente a la costa de Troya. No quiere estar aquí, no quiere salvarme.

He de morir yo que no tengo culpa, que todavía no soy mujer, que mi pecho aún no ha nacido. Ahora mientras me llevan escucho lejano el sonido del mar y quisiera sumergirme bajo sus aguas. Le suplico al dios Poseidón que acabe con mi vida y que me libre del horror de la piedra y del cuchillo.

¡Te lo suplico Mar soy inocente como el ciervo blanco, sálvame!.

No comments yet

Deja un comentario