La isla de la niebla.
Erik Kraka era el señor de los vikingos de la isla de Ijsen y juró ofrecer a Odin la destrucción de cien ciudades y el sacrificio de todos los varones que las habitaban, jóvenes o ancianos y también los niños recién nacidos. Quemó innumerables ciudades y pueblos y dio muerte a tantos hombres que por aquellos días los conventos de Britania y de Francia eran el refugio de muchas viudas y madres desconsoladas.
Cuando Erik Kraka con sus barcos se dirigía a las costas de la piadosa Irlanda, San Patricio se apareció sobre las aguas de la bahía de Belfast con su cayado de obispo y sus luengas barbas, con su casulla hecha con conchas marinas y bordada con hilos de plata y le habló así al vikingo, “Detente Erik Kraka y regresa a tu país, arrepiéntete y pide perdón a Dios por todo el daño que has causado a su rebaño”. Mas Erik le contesto, “Apártate de mi hechicero si valoras en algo tu vida, pues en mi espada está el poder de Odin y a nada temo, ni a ti ni a tu Dios”. Entonces San Patricio se transformó en una nube de niebla que cubrió toda la ciudad de Belfast. Pero el vikingo no se espantó y desembarcó con sus guerreros y penetró en aquella niebla Tal era su furia que fué el primero en asaltar las murallas con el hacha empuñada en la mano izquierda y la espada en la diestra. No había luz en aquella niebla , ni era de día ni era de noche, solo el rojo resplandor de la sangre vertida de tantos inocentes.
Entró Erik Kraka en un alta casa de piedra, derribó la puerta y allí dormían cinco niños, a los cuatro primeros degolló con su espada y abandonaron este mundo sin despertar del sueño, pero el quinto apenas un recién nacido lanzó un gemido estremecedor y por eso supo Erik Kraka que aquel grito era el de su hijo menor. No había destruido Belfast, sino la ciudad de Ijsen en Noruega y aquellas cinco criaturas a las que había degollado eran sus propios hijos. Erik Kraka se ató una piedra con una soga al cuello y sus huesos malditos se hundieron el mar mientras su alma se hundía en el infierno.
Nadie habita desde entonces al Isla de Ijsen en Noruega, excepto los cuervos negros y las gaviotas blancas y cuando algún barco se aproxima a ella puede contemplarse la niebla que siempre rodea su costa. Los marinos dicen que en esa niebla se puede distinguir la siluetas de un anciano alto, con un cayado de obispo y una túnica muy hermosa hecha de conchas de mar y bordada con hilos de plata. Que Dios bendiga siempre a Irlanda y San Patricio la proteja.