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La maleta.

5 febrero 2023

Ha sonado el teléfono y durante un instante he pensado que no debía cogerlo, ni siquiera ha sido un pensamiento, se asemejaba más bien a una imagen que apenas se llega a formar en la mente, la visión de una sombra dentro de un lugar en penumbra; sí, la sombra de una advertencia y sin embargo he descolgado.

       -Debes venir, tienes que venir pronto- es Jacobo, que habla atropelladamente.

        -¿Qué ocurre?.

       -Tienes que venir, por teléfono no lo entenderías, tienes que venir. Por favor, ven rápido.

He pedido un taxi y antes de salir de mi casa miro por la ventana, para tranquilizarme, para reconfortarme porque allí al otro lado del cristal, el mundo existe y está lleno de luz, de aire, del suave sol de la primavera.

      -Sucedió anoche, -me cuenta con una voz alterada, aguda y extraña, que casi no reconozco- me despertó un golpe, un sonido muy fuerte, seco como algo pesado que ha caído contra el suelo. Al incorporarme de medio cuerpo sobre la cama vi la maleta en el dormitorio, junto a la puerta. Una maleta antigua, amarilla. No comprendía qué hacía ahí, ni que era.

         -¿Y es tuya esa maleta?

      -No, no es mía, ni me pertenece, nunca la había visto hasta ese instante. Intenté abrirla pero tenía el cierre echado, no pesaba demasiado, la llevé al salón y me acosté de nuevo y no tardé en quedarme dormido. Por la mañana nada más levantarme fui a por ella pero no estaba en el salón, dónde la había dejado ni en ninguna otra habitación. Cuando llegó la criada le pregunté si había visto una maleta de viaje antigua, de madera, de color amarillo; le insistí y juntos registramos toda la casa sin resultado. Y ahora, tienes que creerme…

       -Jacobo claro que te creo, -me agarra los brazos con sus manos, me clava los dedos violentamente pero estoy seguro que mi presencia y mis palabras le reconfortan.

     -Es que ha vuelto a suceder lo mismo esta mañana cuando estaba en el cuarto que me sirve de despacho y biblioteca. Otra vez un golpe contra el suelo y detrás de mí aquella maleta. Entonces me he dicho, necesito una prueba de que existe, algo que pueda mostrar y he ido a por la cámara de fotos pero cuando regresé al despacho ya no estaba. Sé que todo esto ha pasado, no estoy loco, por favor me tienes que ayudar.

          -Te creo, entre los dos vamos a buscar por toda la casa, habitación por habitación a ver si encontramos algo, una pista de lo que realmente ha sucedido.

Lentamente de una estancia a otra de la casa escudriñamos los rincones, abrimos los armarios e inspeccionamos muebles, miramos en lugares que nunca podrían contener una maleta. Si no aparece mi amigo estaría sufriendo algún episodio de enajenación mental. Y si encontramos esa maleta, cosa que no espero, tampoco puedo descartar que algo en su mente no esté bien; el problema estaría en este caso si Jacobo no está loco, entonces lo que él cuenta es algo antinatural.

            -¡Allí arriba, mira!. 

Una trampilla en el techo del pasillo de entrada, el acceso a lo que parece ser un pequeño desván, un altillo. Sudo, tengo frío y debo admitir que he perdido el aplomo que hasta hace unos minutos mantenía y me permitía permanecer en el papel de testigo y benefactor de un amigo perturbado. Le dejo a Jacobo subir, ayudándose de una escalera que ha traído entra por la pequeña apertura del techo.

           -No hay nada, sólo unos papeles. 

Jacobo baja con un fajo con decenas de folios, ligeramente arrugados por la humedad y el tiempo. Pudieran ser el castigo impuesto alguna vez a un niño en el colegio, están completamente rellenos de texto, compuesto con letra de máquina de escribir,  linea tras linea, repiten y repiten una única frase, “es la maleta amarilla la que te llevará a ti.” Mi amigo que ha leído la frase en voz alta, me mira y seguidamente cae de rodillas, algo en mi reacciona, le empujó por el pasillo y tengo que recurrir a todas mi fuerzas pues aunque no se ha desvanecido está paralizado y es un peso muerto. Tengo que recorrer esos metros como sea, me falta el aire, me ahogo pero se que la puerta de la casa es nuestra salvación, estoy exhausto arrastrando a Jacobo, logro alcanzar el tirador… No puede ser, al otro lado del umbral de la puerta hay un vieja maleta de color amarillo.

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