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El hombre que camina en la oscuridad.

24 mayo 2013

noche20oscura

En la noche un hombre camina. Atraviesa la oscuridad y esta solo en un páramo. A su alrededor están las sombras, las sombras perfiladas de los arboles, la sombra difusa de la vegetación, las sombras rotundas de los montículos del terreno. Entre la oscuridad y las sombras el hombre fija la vista en un camino, sus ojos y su atención persiguen ese camino. Mira hacia el cielo, pero está cubierto, la luna y las estrellas no están, al hombre le gustaría verlas, no porque le facilitaran la visión de su vereda, no. Es que desea tanto ver de nuevo la luz.

El hombre obliga a sus piernas a marchar empeñado en discernir ese camino en la oscuridad, rodeado de sombras. Se para de vez en cuando, se queda quieto, sus ojos buscan formas, quieren capturar una silueta, aunque sólo sea de una roca, de un arbusto, ver cualquier cosa que sea distinta de la sombra de algo.

Hace frio, no es un frio helador pero se le ha metido dentro. Es un frio tan negro como la noche y siente que es la misma noche que es esta apoderando de él, que está ya dentro de él. Pero el hombre sigue andando porque todavía puede ver el camino en la oscuridad.

Recuerda que una vez estaba perdido en el desierto, toda aquella luz con aquel cielo que no se atrevía a mirar. El paisaje era una orografía de arena amarilla: siempre las misma dunas, siempre cambiantes. La arena, cada grano de arena tenia la voluntad de enterrarle allí, de cubrirle en aquel paisaje infinito. El hombre se esfuerza en recordar como sobrevivió al desierto, pero en medio de la noche y rodeado de sombras no lo recuerda.

Al hombre le viene a la memoria que una vez naufragó, que estaba dentro de una pequeña balsa en medio del océano. Las olas encrespadas golpeaban la balsa, lo hacían con una persistencia monótona, era una cadencia matemática de choques contra su refugio de goma. Estaba acurrucado pero de vez en cuando se atrevía a elevar la cabeza para buscar alguna señal pero unicamente veía un mar inabarcable y gris, ligeramente picado de olas incesantes. Guardaba una brújula y se decía a si mismo que no le serviría de nada, que el norte y el sur, este y oeste le contemplaban indiferentes pero a pesar de eso aferraba aquella pequeña brújula entre sus manos, como si temiera que alguien se la pudiera arrebatar. Si, se acordaba de todo eso pero no podía recordar en aquella noche rodeado de sombras como se había salvado del naufragio.

El hombre de repente se para y cierra los ojos, para no ver la oscuridad ni las sombras. Quiere escapar de la noche y recordar como es el día, la luz, los colores, el cielo claro. En sus ojos ha surgido una calle en una ciudad, la gente que anda ligera, los coches con su superficies perfectas; hay arboles en la cera, que tienen hojas verdes, rutilantes. Ha sido un instante pero una punzada intensa de dolor le ha atravesado, no podía resistir esa visión y sus ojos se han abierto de nuevo en un acto reflejo para regresar a la noche y comprobar que entre la oscuridad y las sombras sigue estando el camino. Y el hombre continua caminando.

El hombre no quiere pararse de nuevo, no quiere que nada, que ningún pensamiento, ningún recuerdo le distraiga, necesita toda la concentración para poder seguir el camino en medio de la noche, entre las sombras y la oscuridad. El frio duele y el hombre sin saber bien porqué piensa en Chet Baker, ha comenzado a escuchar aquella trompeta maravillosa y la música de jazz mientras camina a través de la noche.

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  1. Avatar de acp
    acp permalink
    28 febrero 2015 00:14

    He tropezado con este blog y no sé quién es el que escribe. «El hombre de repente se para y cierra los ojos, para no ver la oscuridad ni las sombras.»
    Tiene muy buenas historias en este portal… gracias.

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