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La luna en el lago.

6 octubre 2013

El agua del lago nada tiene que ver con el agua de los ríos, ni tampoco del mar. Es oscura, negra no, pesadamente oscura y basta con contemplarla para comprender que en ese liquido gravita una carga inconmensurable.

No hay movimiento alguno, el agua del lago está quieta, permanentemente detenida, una masa acuática sin ondulación, sin la mas leve vibración sobre su superficie, ni tan siquiera en la orilla es posible detectar un ola diminuta, el agua se queda allí con la pretensión de permanecer adherida a la tierra que en vez de ceñirse pudiera ser que retrocediera a su contacto.

El agua es tan pesada que en la noche del plenilunio el caminante que llega allí y permanece hasta que la reina blanca ha marchado al otro lado del horizonte, contempla por unos instantes la imagen de la luna, que continua sobe el agua oscura, inamovible de aquel lago.

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